El texto bíblico del sermón

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Si ya tenemos una idea general del tema, debemos ahora buscar un pasaje que presente este tema de una manera amplia, clara al entendimiento y completa.

Este es un curso para aprender a preparar sermones expositivos. Y es aquí, en la elección del texto donde definimos el carácter expositivo de nuestro sermón.

Nuestro pasaje deberá contener el tema completo y estar constituido con personajes, hechos e imágenes que ayuden a visualizar la verdad presentada. Difícilmente podamos lograr esto con un solo versículo. Lo más usual en este tipo de sermón es que usemos un pasaje de cierta extensión.

Por ejemplo: podemos predicar sobre Juan 3:16 de dos maneras. Como sermón textual: Tomamos sólo el versículo 16, fuera de su contexto y lo explicamos ayudándonos con otros pasajes de la Escritura. Como sermón expositivo- Tomamos Juan 3:1 al 21 y usamos de todo el entorno que allí se presenta: Era de noche, un principal entre los judíos llegó a Jesús tratando de no ser visto, cree saber algo, Jesús le hace ver que no sabe nada y que la verdad está en aquel que debía ser levantado sobre una cruz para que todo el que en él cree pueda ser salvo, y que todo esto viene de Dios a causa de su amor infinito. No es necesario recurrir a otros pasajes para exponer estas verdades. Este solo pasaje lo dice todo.

Un sermón textual sobre Juan 3:16 sin su contexto, daría como resultado un sermón teológico, en el cual las verdades se exponen de manera ordenada y lógica. El sermón puede ser muy bueno, pero los oyentes que no han tenido privilegios académicos no podrán seguirlo. No están habituados al pensamiento abstracto.

Si el sermón, en cambio, es del tipo expositivo abarcando todo el pasaje, esto es Juan 3:1-21 el tema será gráfico, vívido, fácil de entender y de recordar, tanto para el letrado como para el lego.

La Biblia no es un tratado teológico. Sus enseñanzas no están presentadas en un orden académico sino que están siempre entretejidas con hechos, lugares y personas. Jesús asociaba siempre sus enseñanzas a cosas y hechos del diario vivir. Si lo piensas un poco, te darás cuenta que la Biblia misma es una amplia colección de sermones expositivos. Esta forma de predicación deleita a sabio y enriquece al sencillo.

Hagamos un ejercicio práctico:

Supongamos que, habiendo observado nuestra congregación, notamos que el brillo del amor fraternal se está perdiendo entre sus miembros. A menudo surgen disensiones que amenazan con dividir la iglesia. Deseamos ardientemente que aquel amor de los comienzos vuelva a arder en los corazones. Entonces definimos inicialmente nuestro tema de esta manera: “Dios nos amó con amor infinito para que nosotros aprendamos a amarnos unos a otros.”

Con esta idea en mente, como guía de nuestra búsqueda, recorreremos las páginas de la Biblia en procura de textos que expresen de manera clara nuestro tema. Tomaremos una hoja de papel e iremos anotando allí los textos sugerentes que vayamos encontrando.

Si deseas trabajar en tu computadora u ordenador, te sugiero un método que uso yo y que te permite manejar con facilidad los textos bíblicos juntamente con los comentarios que desees agregarles. Consiste en una tabla de dos columnas y numerosas filas horizontales. Copio los pasajes bíblicos directamente de www.biblegateway.com y los voy pegando en la columna de la izquierda. Luego, en las celdas correspondientes de la derecha escribo mis comentarios. El ordenador nos ayuda a mover con gran facilidad grandes porciones de texto sin tener que copiarlos palabra por palabra.

Tu pantalla podría verse de esta manera:

Texto bíblico Comentarios
Juan 13:31-35

El nuevo mandamiento

31 Entonces, cuando salió, dijo Jesús:

–Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.

32 Si Dios es glorificado en él, Dios también lo glorificará en sí mismo, y en seguida lo glorificará.

33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis, pero, como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir.

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.

Amémonos unos a otros así como Dios no ha amado.
Juan 13:1-17

Jesús lava los pies de sus discípulos

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara,

3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba,

4 se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó.

5 Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.

6 Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo:

–Señor, ¿tú me lavarás los pies?

7 Respondió Jesús y le dijo:

–Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después.

8 Pedro le dijo:

–No me lavarás los pies jamás.

Jesús le respondió:

–Si no te lavo, no tendrás parte conmigo.

9 Le dijo Simón Pedro:

–Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

10 Jesús le dijo:

–El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

11 Él sabía quién lo iba a entregar; por eso dijo: «No estáis limpios todos».

12 Así que, después que les lavó los pies, tomó su manto, volvió a la mesa y les dijo:

–¿Sabéis lo que os he hecho?

13 Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy.

14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros,

15 porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió.

17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis.

Jesús nos enseñó con su ejemplo a servirnos por amor unos a otros.
1 Juan 1:7-117 Hermanos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.8 Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando y la luz verdadera ya alumbra.

9 El que dice que está en la luz y odia a su hermano, está todavía en tinieblas.

10 El que ama a su hermano, permanece en la luz y en él no hay tropiezo.

11 Pero el que odia a su hermano está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

Si no amamos a nuestros hermanos estamos en tinieblas.
1 Juan 3:14-1814 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte.15 Todo aquel que odia a su hermano es homicida y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

Jesús puso su vida por nosotros. Nosotros debemos poner nuestra vida por nuestros hermanos.
1 Juan 4:7-217 Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.8 El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él.

10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

11 Amados, si Dios así nos ha amado, también debemos amarnos unos a otros.

12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros.

13 En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.

14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.

15 Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios.

16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él.

17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

19 Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero.

20 Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: «El que ama a Dios, ame también a su hermano».

Dios nos mostró su amor al enviar a su Hijo para morir por nosotros. Así nosotros debemos amarnos unos a otros.
1 Corintios 131 Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe.2 Y si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy.

3 Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno;
el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso,no se envanece,
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo,
no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia,
sino que se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo soporta.

8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, cesarán las lenguas y el conocimiento se acabará.

9 En parte conocemos y en parte profetizamos;

10 pero cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido.

13 Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

El amor es precioso y su valor está por encima de todas las cosas.

¿Que hemos hecho? Trabajando en nuestra computadora hemos copiado textos bíblicos en la columna izquierda de nuestra tabla y en las celdas correspondientes de la columna de la derecha hemos escrito una corta frase que resume cada pasaje.

Todos estos pasajes que hemos hallado y estudiado hablan del amor a los hermanos. Pero no podemos predicarlos todos en un sermón. Debemos elegir uno de ellos y desarrollar nuestro tema a partir de él.

En esto de elegir el pasaje para nuestro sermón intervienen dos factores: un factor objetivo, esto es, que el pasaje responda a nuestro propósito, y un factor subjetivo, es decir, que nuestro espíritu tenga una mejor percepción y disposición para predicar sobre tal pasaje.

Nuestra idea general del tema, con arreglo a nuestro propósito de reanimar el amor hermanable en nuestra congregación era: “Dios nos amó con amor infinito para que nosotros aprendamos a amarnos unos a otros.” Al revisar la lista de pasajes estudiados encontramos dos que parecen adaptarse mejor a nuestro propósito: Juan 13:1-17 y 1 Juan 4:7-21. Mirando ahora más de cerca los pasajes, ambos del apóstol Juan, notamos que el pasaje del evangelio es más gráfico e impresionante al estar relacionado con hechos concretos y dramáticos. El pasaje de la epístola es muy rico en sentimiento y muy elevado en su expresión, pero es de un tinte más teológico ya que está formado de conceptos más que de hechos concretos.

Ambos pasajes son maravillosos, bellamente escritos, sencillos y profundos. Sobre estos dos pasajes podemos predicar sermones expositivos poderosos. Pero es necesario que elijamos uno para esta ocasión y dejemos el otro para otra oportunidad. Viendo que el pasaje del evangelio es más gráfico, lo tomaremos para esta ocasión.

Ya hemos definido el texto de nuestro sermón: Juan 13:1-17. Con esto terminamos este capítulo. En el próximo veremos cómo estudiar el texto a fin de definir el tema central definitivo de nuestro sermón, al que llamaremos: “Proposición.”

2 pensamientos en “El texto bíblico del sermón

  1. Excelente trabajo, me parece claro, fácil de entender y de aplicar. Un escrito con profundidad pero con sencillez. Y lo más hermoso sujeto a la palabra.
    Gracias.

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